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Las cinco zonas vitivinícolas de Neuquén

Por Sergio Landoni, Sommelier de Territorio

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Zonas vitivinícolas de Neuquén, Patagonia Argentina

Neuquén se ha consolidado como una de las regiones vitivinícolas más dinámicas de la Patagonia argentina. El vino neuquino muestra hoy una calidad sostenida, una sanidad natural muy alta y una diversidad que ya no se puede explicar como una sola cosa.

Lo interesante es que los mismos varietales se expresan de manera muy distinta según la zona. Un Pinot Noir no dice lo mismo en el Chañar que en la ribera del Limay. Un Malbec cambia por completo entre la meseta de Cutral Co y la altura de Chos Malal. Los blancos, con su acidez natural dominante, encuentran en toda la provincia un lugar lógico y muy bien logrado.

Detrás de todo esto hay algo fundamental: la gente. Productores, enólogos, equipos de viñedo y proyectos grandes y chicos que vienen trabajando hace años, entendiendo el lugar, ajustando decisiones y aprendiendo cosecha tras cosecha. Para ponerles nombre y contexto a esos protagonistas, armé una guía complementaria: Referentes del vino neuquino: pioneros, enólogos y consultores clave .

Este artículo no busca dar cátedra. Busca compartir una impresión y ayudar a dar a conocer una provincia maravillosa. Es una mirada construida desde el territorio, desde el recorrido y desde la copa.

Versión en inglés: Neuquén Wine Regions

Por qué hablar de zonas en Neuquén

Porque el vino no se explica solo por la provincia. Se explica por el lugar exacto donde nace. El viento no sopla igual en San Patricio del Chañar que en Chos Malal. El agua no es la misma en el río Limay que en un pozo de la meseta. La altura, el suelo y la escala cambian todo.

Hablar de zonas no divide. Ordena y ayuda a entender.

1. San Patricio del Chañar

Referencia geográfica: a unos 50 km al noroeste de la ciudad de Neuquén, sobre la meseta vinculada al río Neuquén.

San Patricio del Chañar es el punto de partida del vino neuquino contemporáneo. Un oasis creado en plena meseta, donde el riego del río Neuquén permitió transformar un paisaje árido en uno de los polos vitivinícolas más importantes de la Patagonia. Aquí, el vino nace del contraste: suelos pobres y pedregosos, viento constante, gran amplitud térmica y muchas horas de sol. Condiciones exigentes que, bien interpretadas, se traducen en vinos de frescura, tensión y carácter.

El origen y la gran escala: los pilares del polo

Es imposible contar El Chañar sin comenzar por Bodega del Fin del Mundo. Fue el proyecto pionero que, a partir de 1999, inició la transformación productiva de la meseta. Con más de 800 hectáreas implantadas, demostró que en Neuquén no solo era posible producir vino, sino hacerlo a escala y con estándares internacionales. Su impacto fue decisivo: puso a la provincia en la góndola global y generó un efecto arrastre que permitió el desarrollo del resto del polo.

A ese impulso inicial se sumó Familia Schroeder, aportando una mirada de sofisticación técnica y una fuerte identidad simbólica. Su bodega, construida en distintos niveles para trabajar por gravedad, se convirtió en un ícono arquitectónico de la región. El hallazgo de restos de un Titanosaurio durante su construcción dio origen a la línea Saurus, una de las más reconocidas del país. En términos enológicos, Schroeder es referencia obligada cuando se habla de Pinot Noir patagónico, variedad que aquí encuentra una expresión singular.

Bodega Malma completa este trípode fundacional desde una lectura más ligada al terroir y a la experiencia. Fue clave en posicionar a El Chañar con vinos de gran frescura y precisión, y su restaurante se consolidó como uno de los faros gastronómicos del área, integrando viñedos, paisaje y cocina de producto en una experiencia coherente y territorial.

Proyectos de precisión y evolución

Con el paso del tiempo, El Chañar dejó de ser sinónimo de una sola escala o de un único estilo. Bodega Patritti profundizó la exploración de varietales como Cabernet Franc y Petit Verdot, demostrando que la región tiene versatilidad y potencial más allá de los cortes tradicionales.

En los últimos años, el polo atravesó además un proceso de reordenamiento productivo. En 2021, el Grupo Peñaflor adquirió las instalaciones y una parte significativa de los viñedos históricos de Bodega Patritti, iniciando una nueva etapa en el establecimiento. En ese marco, la familia Patritti continuó elaborando sus etiquetas tradicionales , entre ellas Primogénito y Sangre Azul, desde una bodega de escala boutique, mientras que el predio original pasó a operar como Bodega Marantiqua. Este movimiento confirma la madurez del Chañar: conviven estructuras de proyección internacional y proyectos familiares de identidad precisa.

En una escala más controlada aparece Secreto Patagónico, un proyecto de vinos de autor que pone el foco en la expresión pura de la fruta. Con una estética y una comunicación cuidadas, su propuesta dialoga con un consumidor más joven y curioso, interesado en vinos con identidad clara y narrativa honesta.

La nueva escala: proyectos boutique y de familia

Es en esta capa donde El Chañar gana alma. Familia Aicardi representa el salto de calidad artesanal: una bodega pequeña, con seguimiento del viñedo planta por planta y decisiones enológicas tomadas con tiempo y cercanía. Su trabajo confirma que en la meseta patagónica también hay lugar para elaboraciones de escala cuidada y de alta gama, y para vinos que expresan el detalle.

Tero Rengo, por su parte, encarna la resiliencia y la pasión. Su menor escala permite experimentar con procesos, tiempos y lecturas que las grandes estructuras no siempre pueden asumir. El resultado es una interpretación íntima del suelo pedregoso del Chañar y de su clima extremo, donde el vino funciona como relato personal del lugar.

Suelos, clima y Pinot Noir: la clave del carácter

Uno de los grandes diferenciales de San Patricio del Chañar está bajo los pies. Los suelos de canto rodado, pobres en materia orgánica y con excelente drenaje, obligan a la vid a profundizar sus raíces y a regular naturalmente su vigor. Sumados al viento permanente y a la marcada amplitud térmica entre el día y la noche, estos factores ayudan a explicar por qué variedades como el Pinot Noir logran aquí vinos de gran tensión, frescura natural, fruta definida y taninos finos. Hoy, el Pinot Noir patagónico encuentra en San Patricio del Chañar uno de sus puntos de referencia más consistentes dentro del mapa argentino.

Pinot Noir, Merlot y Cabernet Franc encuentran muy buenas condiciones. El Malbec también está presente y se expresa con un perfil propio: más firme, con taninos marcados y carácter patagónico.

El factor turístico y gastronómico: el vino como experiencia

Nada de esto sucede de manera aislada. Saurus Restaurant (Familia Schroeder) y Malma Restaurant transformaron El Chañar en un verdadero corredor enoturístico. Almorzar frente a las bardas, con el viento como banda sonora y el vino nacido a pocos metros de la mesa, completa el relato: aquí el vino no solo se produce, se vive y se comparte como experiencia cultural.

San Patricio del Chañar no es un bloque uniforme, sino un ecosistema. Conviven la visión de gran escala de Bodega del Fin del Mundo, la sofisticación técnica de Familia Schroeder y la elegancia de Malma. Pero El Chañar también se escribe en minúscula y con trazo fino: proyectos como Patritti y Secreto Patagónico aportan diversidad, mientras que bodegas boutique como Familia Aicardi y Tero Rengo demuestran que la escala humana puede extraer la esencia más pura de este suelo pedregoso y ventoso.

Para conocer en profundidad quiénes están detrás de estas decisiones técnicas en San Patricio del Chañar y cómo se construyó el estilo del polo, podés leer: Referentes del vino neuquino: pioneros, enólogos y consultores clave .

2. La Confluencia (Neuquén capital y entorno)

Referencia geográfica: en la ciudad de Neuquén y su entorno inmediato, en el punto donde confluyen los ríos Limay y Neuquén y nace el río Negro.

La Confluencia es el vino que resiste dentro de la ciudad. Viñedos pequeños, rodeados por el río y por el crecimiento urbano, asentados sobre suelos de antiguo lecho fluvial con marcada presencia calcárea y mineral.

Es una zona donde la escala es reducida y el entorno condiciona todo. El río modera el clima, el viento llega atenuado y la maduración se da de manera más lenta y precisa. Los vinos no buscan impacto, buscan equilibrio, tensión y definición.

En este contexto, Mabellini Wines aparece como un corazón vitivinícola de la Confluencia. Ubicada en lo que muchos llaman la “última calle” de la capital neuquina, esta bodega boutique trabaja sobre un viñedo único, rodeado de ciudad pero con lógica rural.

Uno de sus mayores valores está en la historia viva del viñedo. Allí se conservan clones de Pinot Noir plantados a comienzos del siglo XX, vinculados a las antiguas chacras y al desarrollo ferroviario de la región. No es solo una cuestión varietal: es patrimonio genético y cultural.

El trabajo en bodega acompaña esa lectura del lugar. El uso de huevos de cemento y de polímero permite una vinificación precisa, sin interferencias, donde el suelo y la fruta se expresan con claridad. Los vinos muestran tensión mineral, frescura natural y una elegancia poco común.

En la Confluencia se destacan especialmente el Merlot y el Chardonnay, con perfiles finos, gastronómicos y expresivos. También aparecen muy buenas versiones de Cabernet Franc y Pinot Noir, siempre desde una lógica de sutileza y equilibrio.

Subzona · Ribera del río Neuquén (Centenario)

Dentro de esta misma región existe otra expresión, muchas veces menos visible pero clave para completar el mapa: la ribera del río Neuquén, en el corredor de chacras de Centenario, camino a Cinco Saltos. Aquí el paisaje se abre, el viñedo vuelve a dialogar con la agricultura tradicional y el vino recupera una lógica de valle y de chacra.

En esta ribera también aparecen microproyectos de escala artesanal que buscan interpretar el paisaje fluvial con una lógica de mínima intervención. En Vista Alegre Sur, sobre la margen del río, Costa Oculta (vinos Ojo del Río) suma una lectura honesta del lugar, con producciones limitadas y variedades como Malbec, Cabernet Franc y Chardonnay.

En este entorno se inscribe Viñas Constanza, un proyecto familiar implantado en 2006 sobre una chacra reconvertida de peras y manzanas, con primeras cosechas a partir de 2008. Es un caso claro de continuidad productiva, donde el viñedo se integra al paisaje y a la historia agrícola del lugar.

Su elección del Refosco como variedad emblemática dice mucho: una cepa de carácter, acidez firme y taninos marcados, que en este contexto encuentra una expresión equilibrada y honesta, más ligada a la mesa que al impacto.

La ribera del río Neuquén no busca diferenciarse por contraste, sino completar el relato de la Confluencia. Aporta una mirada más productiva y profundamente neuquina, que suma diversidad y profundidad al conjunto.

La Confluencia no compite en volumen ni en espectacularidad. Su valor está en la coherencia, en la lectura sensible del suelo y en la capacidad de conectar historia, paisaje y vino, tanto dentro de la ciudad como en su ribera productiva.

3. Senillosa y la ribera del río Limay

Referencia geográfica: desde Senillosa hasta Picún Leufú, siguiendo el curso del río Limay.

La ribera del Limay es uno de los corredores más expresivos del vino neuquino. Arena, viento, amplitud térmica y un río que ordena el paisaje: acá la frescura no es un recurso, es una condición natural.

El Limay aporta lo esencial: agua de deshielo fría y limpia, suelos arenosos con presencia de grava y una amplitud térmica marcada, propia de la Patagonia neuquina. Ese equilibrio sostiene la frescura incluso en años cálidos y se traduce en vinos de perfil nítido y directo, donde la identidad del lugar pesa más que la búsqueda de potencia.

En ese mapa, Fincas del Limay ocupa un lugar central. Con viñedos en Senillosa y Picún Leufú, la bodega trabaja en una etapa de ordenamiento y puesta en valor, con foco en el proceso, la definición de estilos y la expresión del lugar. Es una bodega clave de la ribera, que proyecta su crecimiento desde el trabajo sostenido y la coherencia.

En tintos, el Pinot Noir marca el rumbo: delicado, aromático y preciso, acompañado por otros varietales y cortes, tanto jóvenes como de guarda, que completan una propuesta en evolución.
Los blancos sostienen una línea de frescura y claridad, con acidez nítida y perfiles definidos.

A su alrededor, la ribera suma proyectos con identidades bien definidas. Impasse, nacido hace más de una década, se encuentra próximo a inaugurar su nueva bodega con restaurante, una señal clara de hacia dónde puede crecer Senillosa cuando el vino se piensa también como experiencia. Tierra Tehuelche aporta una escala productiva concreta y una lectura franca del paisaje, mientras que Puerta Oeste refuerza el perfil familiar del corredor, integrando vino, turismo y territorio con lógica de cercanía.

La ribera del Limay no necesita proclamarse. Se deja leer con tiempo, en la acidez, en la fruta y en la mano de quien lo hace.

4. Comarca Petrolera – Cutral Co y Plaza Huincul

Referencia geográfica: Cutral Co y Plaza Huincul, en el centro de la provincia de Neuquén, sobre la meseta, lejos de los grandes cursos de agua.

La Comarca Petrolera representa una de las expresiones más singulares del vino neuquino. Aquí la vitivinicultura se desarrolla en condiciones exigentes, en plena meseta, con viento constante, gran amplitud térmica y un paisaje que no concede facilidades, pero que imprime una identidad clara y reconocible.

En Cutral Co y Plaza Huincul no hay ríos cercanos. El riego se realiza con agua de pozo profundo, lo que exige un manejo hídrico preciso y permite obtener uvas de marcada concentración, sin perder frescura cuando el trabajo en viñedo está bien interpretado.

Los vinos de la zona expresan carácter y tipicidad, pero también diversidad de estilos. Son vinos que no buscan suavizar el lugar del que provienen, sino interpretarlo y expresarlo con precisión.

En este contexto, el Cabernet Franc aparece como uno de los varietales que mejor explica la zona, con perfiles intensos, especiados y de gran profundidad. El Syrah muestra un potencial enorme y el Malbec se expresa con potencia y volumen, conservando identidad varietal.

Proyectos como Bodega Municipal Cutral Co funcionan como señal institucional, demostrando la viabilidad técnica de la vitivinicultura en plena meseta y actuando como catalizadores para el desarrollo de nuevos emprendimientos en la zona.

Son vinos que evocan jarilla, viento y estepa, sin caer en la rusticidad forzada. Vinos con voz propia dentro del mapa vitivinícola neuquino.

5. Norte Neuquino – Alto Neuquén

Referencia geográfica: Chos Malal y Taquimilán, en el norte de la provincia de Neuquén, zona de precordillera.

El Norte Neuquino – Alto Neuquén es raíz y memoria. En Chos Malal y Taquimilán el vino no se vive como un “polo”: se vive como una historia. Parrales viejos, escala chica, aire limpio y un paisaje que marca el ritmo. No es una zona de volumen. Es una zona de sentido. Es, además, una de las zonas con mayor potencial para la vitivinicultura de clima frío en la Argentina andina.

En esta zona, el suelo aporta una marca distintiva: en varios sectores aparece una impronta de material calcáreo de origen marino, que suma una lectura mineral muy particular cuando el viñedo está bien interpretado. Y aunque el mapa sea más silencioso que en el Chañar, hay producción a pequeña escala que sostiene continuidad y cultura, incluso en puntos como Buta Ranquil.

En este recorrido, Bodega Des de la Torre es un nombre clave. No solo por ser un proyecto que abrió camino, sino por su forma de leer el lugar y contarlo con vinos concretos. Hay algo muy valioso en esa mirada: acá el vino se vuelve personal.

Una de las líneas que mejor expresa esa idea es la uva Criolla. Con plantas que vienen de otra época, y que en algunos casos superan los 150 años, la Criolla no se usa para “impactar”, se usa para rescatar cultura. Son vinos con identidad, fruta franca, frescura natural y una sensación de continuidad: el vino como parte de la vida del norte, no como una moda.

También aparece un trabajo muy interesante con Malbec, porque en el Alto Neuquén el Malbec no se parece al Malbec “estándar”. En esta zona suele mostrarse más liviano, más floral, con tensión y con esa acidez natural que le da el clima. Y cuando se comparan lugares bajo la misma mano y la misma bodega, se vuelve evidente algo central: el mismo varietal cambia según dónde nace.

En esa narrativa, hay un vino que funciona como símbolo de pertenencia: el Gran Terroir, un Malbec cuya etiqueta es el mapa de Neuquén realizado en cuero de chivo. Ese gesto, profundamente local, resume una idea poderosa: cuando el vino se cuenta bien, el territorio también viaja. Durante el pontificado del Papa Francisco, estos vinos se enviaban al Vaticano en partidas de alrededor de mil botellas anuales, formando parte de la cava del Vaticano, entendida como una verdadera biblioteca del vino del mundo.

En términos de lugar, el Alto Neuquén combina altura de precordillera, noches frías y una amplitud térmica marcada. Eso se traduce en vinos frescos, verticales, de fruta nítida. Los blancos, cuando aparecen, suelen tener una lógica perfecta acá: acidez natural y una frescura que se sostiene sola.

Y lo más importante: más allá de los viñedos ya implantados, en los alrededores hay potencial. Zonas que invitan a pensar nuevas plantaciones por clima, altitud y paisaje, siempre desde una escala cuidada, sin querer “industrializar” lo que justamente hace distinto al norte.

El Norte Neuquino – Alto Neuquén no intenta parecerse a nadie. Habla de origen, de tiempo y de una forma de hacer vino profundamente ligada al territorio y a la gente.

Cierre

Desde la meseta del Chañar hasta la ribera del río Neuquén, desde el Limay hasta el Alto Neuquén, el vino cambia porque el lugar cambia.

Neuquén no es una sola región vitivinícola, ni necesita serlo. Es una provincia donde el vino cambia con el paisaje, con el agua, con el viento y con las decisiones de quienes lo trabajan.

Ordenar estas cinco zonas no busca fijar un mapa definitivo. Busca ayudar a mirar mejor, a entender por qué un vino se siente distinto según de dónde viene, y a reconocer que el territorio importa.

En cada zona conviven estilos, escalas y caminos diversos. Hay proyectos grandes y pequeños, bodegas con historia y otras en pleno aprendizaje, vinos más pulidos y otros más directos. Todo eso forma parte del mismo presente.

Esta es simplemente una manera de contar Neuquén desde el lugar, dentro del mapa más amplio del vino de la Patagonia argentina. Desde lo que se ve en el viñedo, desde lo que aparece en la copa y desde el tiempo compartido con quienes hacen el vino.

Lo interesante es que todavía hay mucho por descubrir. Y eso, en un territorio como este, es una muy buena noticia.

Mapa: Regiones Vitivinícolas de Neuquén, Patagonia Argentina
Regiones Vitivinícolas de Neuquén. Mapa de referencia para ubicar las cinco zonas del artículo. Crédito: Sergio Landoni, Sommelier de Territorio.

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