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Neuquén · Territorio · Vino · Patagonia

Norte Neuquino y Alto Neuquén: historia, paisaje y vino de montaña

El Norte Neuquino, conocido cada vez más como Alto Neuquén, no empieza de cero. Chos Malal, Taquimilán y Villa del Nahueve muestran una región con memoria vitivinícola, productores familiares, agua de montaña, clima frío y un futuro que merece ser contado.

Por Sergio Landoni, Sommelier de Territorio

Publicado: · Actualizado:

Este artículo forma parte de una serie de contenidos sobre el mapa vitivinícola de Neuquén, la guía del vino neuquino y la relación entre vino, gastronomía y territorio en la Patagonia.

Actualización · 8 de julio de 2026
Esta investigación fue retomada por Neuquén Informa , el portal oficial del Gobierno de la Provincia del Neuquén, en una publicación dedicada al desarrollo vitivinícola del Alto Neuquén. La nota reconoce el trabajo de investigación y relevamiento territorial realizado por Sergio Landoni, primer Embajador del Vino Neuquino.

El territorio como punto de partida

Hay regiones que no se entienden mirando solamente una etiqueta. El Norte Neuquino es una de ellas. Para empezar a leerlo hay que salir al camino, ver cómo cambia el paisaje entre Chos Malal, Taquimilán y Villa del Nahueve, seguir el curso del agua, mirar la montaña y escuchar a quienes hace años trabajan la tierra.

Durante mucho tiempo, cuando se hablaba de vino patagónico, el mapa parecía terminar en el Alto Valle y, más tarde, en San Patricio del Chañar. Pero Neuquén es bastante más amplio que ese recorte. Tiene meseta, riberas, precordillera, cordillera y un norte profundo donde el vino empieza a mostrar una voz propia.

Lo interesante es que esta región no aparece de la nada. Chos Malal conserva una historia vitivinícola concreta. Taquimilán tiene productores familiares que sostuvieron la vid con enorme esfuerzo. Villa del Nahueve suma ahora una nueva señal, con un viñedo de montaña que abre preguntas muy serias sobre el futuro del vino neuquino de clima frío.

El Norte Neuquino no necesita copiar a nadie. Su valor está precisamente en su diferencia: altura, amplitud térmica, agua cordillerana, suelos diversos, cultura pastoril y una escala humana que todavía permite contar el vino desde el lugar donde nace.

Valle del río Nahueve en el Norte Neuquino, Patagonia Argentina
Valle del río Nahueve, en el Norte Neuquino. Agua cordillerana, clima de montaña y un paisaje que empieza a incorporarse al mapa vitivinícola de Neuquén.

Una historia que viene de lejos

El vino en el norte neuquino no empezó con una campaña de promoción ni con una moda reciente. Durante décadas estuvo en los patios, en los parrales familiares, en pequeñas elaboraciones domésticas y en productores que conservaron una relación directa con la tierra.

En Chos Malal esa memoria sigue viva. Existen plantas antiguas, algunas con más de cien años, que forman parte de un patrimonio vegetal y cultural muy valioso. No son solo uvas viejas. Son testigos de una manera de producir que quedó ligada a las familias, a las casas y a la historia cotidiana de la región.

En ese mismo mapa aparecen productores como la familia Monsalve, en la margen izquierda del río Neuquén. Desde el Establecimiento Frutícola San Cayetano, Luis Monsalve y su familia integraron la vid a una tradición productiva más amplia, junto con peras, manzanas y otras labores de chacra. Su caso muestra algo importante: el vino del norte neuquino también se sostiene desde pequeñas unidades familiares, con trabajo paciente y fuerte arraigo local.

Esa base histórica es clave para entender lo que está ocurriendo ahora. Villa del Nahueve puede representar una etapa nueva, pero no está sola en el mapa. Se suma a una trama previa de viñedos, vendimias artesanales, productores perseverantes y bodegas familiares que ya venían defendiendo el vino en el Alto Neuquén.

Des de la Torre y Chos Malal

Si hay un nombre que hoy permite ordenar la historia vitivinícola de Chos Malal, ese nombre es Bodega Des de la Torre. La bodega fue inaugurada en 2008, pero la historia familiar es bastante anterior. Nicolás e Ibrahim De la Torre representan la cuarta generación vinculada al vino, una continuidad que empezó con elaboraciones familiares y que hoy se proyecta con mirada técnica y ambición de calidad.

Uno de los aspectos más singulares del viñedo ubicado junto a la bodega es el suelo. Allí aparece un perfil calcáreo de origen marino, poco frecuente en la vitivinicultura argentina. La presencia de carbonato de calcio y fósiles como amonites convierte al lugar en un caso muy especial dentro de la Patagonia.

Ese dato no es un adorno técnico. Ayuda a explicar por qué la familia habla de vinos más complejos y de una zona capaz de dar etiquetas de alta gama. En el viñedo cercano a la bodega trabajan con Pinot Noir, Cabernet Franc y Malbec, mientras que en otros sectores aparecen Bonarda, Tannat, Caladoc, Merlot, Chardonnay y Gewürztraminer.

También hay un trabajo muy valioso de recuperación de plantas antiguas. En Chos Malal todavía existen parrales de más de cien años, muchos de ellos con variedades criollas o con material vegetal que se está identificando mediante estudios de ADN. Esa tarea no solo rescata uvas. Rescata memoria.

Des de la Torre cumple además un rol articulador. La bodega trabaja con otros viñedos y productores de la región, incluyendo zonas como Taquimilán y Buta Ranquil. Esa red es importante porque permite empezar a pensar el Norte Neuquino no como un punto aislado, sino como una región vitivinícola en formación.

Bodega Des de la Torre y sus viñedos en Chos Malal, Norte Neuquino
Bodega Des de la Torre, en Chos Malal. Un proyecto familiar que une historia, recuperación de plantas antiguas y una lectura muy precisa del suelo del norte neuquino.
Bodega Des de la Torre cubierta por la nieve durante el invierno en Chos Malal, Norte Neuquino
Des de la Torre en invierno. La nieve, el frío y la amplitud térmica forman parte del carácter del Alto Neuquén.

Pueblo Encantado y Taquimilán

Taquimilán aporta otra historia necesaria. Allí, a más de 1.000 metros sobre el nivel del mar, Viñedo Pueblo Encantado muestra el costado más familiar y artesanal del vino del norte neuquino. El proyecto fue impulsado por Ceferino “Cato” Liberatori y su esposa Irma Panes, con el acompañamiento de sus hijos y de una familia que hizo de la chacra una forma de vida.

Las primeras vides llegaron entre 2005 y 2006, después de que Cato participara en el programa provincial Venda Neuquino. Plantaron Merlot, Malbec y uvas de mesa, aprendieron a elaborar de manera artesanal y lograron su primera cosecha en 2010. Desde entonces enfrentaron heladas, sequías, reposición de plantas, problemas de agua y años difíciles.

Lo valioso de Pueblo Encantado no está solo en la cantidad de botellas. Está en la decisión de quedarse, insistir y producir vino en un lugar donde nada se consigue sin esfuerzo. El proceso es manual, la elaboración se hace con paciencia, el vino se estaciona antes de salir a la venta y la comercialización mantiene una escala cercana: la chacra, Chos Malal, comercios locales, ferias y eventos de la región.

El nombre también tiene fuerza propia. Pueblo Encantado remite a una leyenda local vinculada al cerro Naunauco, donde en ciertas condiciones de luz, niebla y temperatura parece dibujarse un antiguo pueblo fantasma. Ese cruce entre paisaje, mito y vino le da al proyecto una identidad profundamente taquimilanense.

Historias como la de la familia Liberatori Grandi son fundamentales para contar el vino del Norte Neuquino. Porque antes de hablar de futuro, hay que reconocer a quienes sostuvieron el presente con trabajo, intuición y perseverancia.

Ceferino Liberatori durante la vendimia en el viñedo Pueblo Encantado, Taquimilán, Norte Neuquino
Ceferino “Cato” Liberatori durante la vendimia en Viñedo Pueblo Encantado, Taquimilán. Una historia familiar que resume el esfuerzo y la persistencia del vino artesanal en el Norte Neuquino.

Villa del Nahueve: una nueva etapa para el Alto Neuquén

Después de recorrer Chos Malal y Taquimilán, el camino continúa hacia Villa del Nahueve. No se trata de empezar de nuevo, sino de sumar un nuevo paisaje a una historia vitivinícola que lleva muchos años construyéndose en el norte de la provincia. Aquí el entorno cambia, aparecen valles más cerrados, el agua baja directamente de la cordillera y la montaña empieza a tener un protagonismo diferente.

En el paraje Los Carrizos, Héctor y Kalil Latorre desarrollan Viñas del Nahueve, un emprendimiento familiar que elaborará sus vinos bajo la marca Clos de Latorre. El viñedo se encuentra a 1.172 metros sobre el nivel del mar, sobre la margen del río Nahueve y a unos treinta kilómetros de la frontera con Chile. En 2024 se implantaron las primeras 1.000 plantas de Malbec, utilizando material certificado, como punto de partida de un proyecto pensado para crecer de manera gradual sobre un establecimiento con unas veinte hectáreas disponibles.

El lugar reúne condiciones muy particulares. El agua para riego proviene de vertientes naturales y del propio río Nahueve, alimentado por las lagunas de Epulafquen, en plena cordillera. El clima es frío, con nevadas durante el invierno, una marcada amplitud térmica y suelos profundos, franco-limosos y ricos en materia orgánica. Todo esto ocurre en un valle prácticamente sin actividad contaminante, donde el paisaje conserva un equilibrio natural poco frecuente.

El proyecto comenzó con Malbec, con las primeras mil plantas implantadas en 2024 como punto de partida para conocer cómo responde la vid en este valle de montaña. La siguiente etapa contempla incorporar Riesling, una elección que resulta muy lógica para un lugar con estas características. La prioridad hoy es consolidar el viñedo, observar su evolución y, a partir de esa experiencia, comenzar la elaboración de los primeros vinos, siempre buscando que cada variedad exprese con autenticidad la identidad del lugar.

Ese mismo criterio también se refleja en el manejo del establecimiento. El objetivo es obtener fruta de la mayor calidad posible mediante prácticas de bajo impacto, favorecidas por las condiciones naturales del valle. Incluso las colmenas instaladas dentro del viñedo forman parte del proyecto y acompañan una producción donde la viticultura y el entorno conviven de manera armónica.

Viñedo de Clos de Latorre en Villa del Nahueve, Norte Neuquino, a 1.172 metros sobre el nivel del mar
Viñedo de Clos de Latorre, en Villa del Nahueve. Las primeras mil plantas de Malbec marcan el inicio de un proyecto que busca desarrollar una viticultura de montaña con identidad propia.
Viñedo nevado en Villa del Nahueve, Norte Neuquino, clima frío de montaña
El invierno en Villa del Nahueve ayuda a entender el carácter del lugar. La nieve, el frío y la amplitud térmica forman parte de las condiciones que distinguen a este valle del Alto Neuquén.

La mirada de Guillermo Corona

Al recorrer Villa del Nahueve resulta fácil entender por qué este valle comienza a despertar interés. No es solamente una cuestión de altura. El relieve, el agua, el clima, los suelos y el paisaje conforman un conjunto que merece ser observado con atención.

Esa forma de interpretar un territorio es la que desarrolla el geofísico Guillermo Corona a través de su proyecto Geografía del Vino. Su trabajo consiste en estudiar la relación entre la geología, los suelos, el relieve, el clima y el paisaje para reconocer aquellos lugares con condiciones naturales especialmente favorables para la viticultura.

Villa del Nahueve reúne muchos de esos elementos en un mismo sitio. Más que señalar un viñedo en particular, esa mirada ayuda a comprender por qué el Alto Neuquén, o norte neuquino, empieza a consolidarse como una región con características propias dentro del mapa vitivinícola de la Patagonia.

Paisaje del Alto Neuquén vinculado a la geografía del vino y la viticultura de montaña
El paisaje del Alto Neuquén ayuda a comprender por qué esta región comienza a despertar interés para la viticultura de montaña. Relieve, agua, clima y suelos forman parte de un mismo territorio.

El futuro del vino en el Alto Neuquén

El Alto Neuquén todavía está dando sus primeros pasos como región vitivinícola, pero ya deja ver un camino diferente. Más que una zona pensada para grandes volúmenes, reúne condiciones naturales que favorecen proyectos de escala familiar, donde cada viñedo pueda expresar con claridad el paisaje, el clima y la identidad del lugar donde fue implantado.

Chos Malal conserva una tradición vitivinícola que nunca llegó a perderse. Taquimilán demuestra lo que puede lograrse con perseverancia y trabajo familiar. Villa del Nahueve abre una nueva posibilidad para la viticultura de montaña. Cada uno aporta una parte diferente de una región que todavía tiene mucho por desarrollar.

Ese crecimiento también representa una oportunidad para el enoturismo. El Alto Neuquén ya cuenta con algunos de los paisajes más atractivos de la provincia, una gastronomía profundamente ligada al territorio, productores que reciben al visitante con cercanía y una identidad cultural muy marcada. El vino puede integrarse naturalmente a esa propuesta, enriqueciendo una experiencia que ya existe y que encuentra en la copa una nueva forma de contar el lugar.

Todavía quedan muchos valles por conocer y seguramente aparecerán nuevos proyectos en los próximos años. Si ese desarrollo mantiene el respeto por el paisaje, por la escala de cada emprendimiento y por la identidad de la región, el Alto Neuquén tiene todo para convertirse en una de las expresiones más originales de la vitivinicultura patagónica.

Cierre

El Norte Neuquino está empezando a ocupar otro lugar dentro del vino de la Patagonia. Ya no aparece solo como una posibilidad futura ni como una nota al pie dentro del mapa provincial. Tiene historia, productores, viñedos, nuevas implantaciones y una geografía que invita a mirar con atención.

Lo más interesante es que cada lugar aporta una capa distinta. Chos Malal habla de tradición y suelo calcáreo. Taquimilán habla de familia, vendimia artesanal y perseverancia. Villa del Nahueve habla de montaña, agua de origen glaciar, Riesling y futuro.

Tal vez ahí esté la fuerza de esta región. No intenta parecerse a ninguna otra. Tiene su propio ritmo, sus propias dificultades y una belleza que no necesita demasiada explicación.

El vino neuquino ya demostró que puede crecer en la meseta, en las riberas y en la ciudad. Ahora empieza a mirar con más atención hacia los valles altos del norte. Y si ese camino se trabaja con sensibilidad, conocimiento y paciencia, el Alto Neuquén puede sumar una de las expresiones más singulares del vino patagónico.

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