Vinos de Chubut: cuando producir poco puede significar mucho
Con apenas 122,4 hectáreas de vid, Chubut construyó una vitivinicultura de pequeña escala, vinos singulares y una presencia que supera ampliamente su tamaño.
Por Sergio Landoni, Sommelier de Territorio
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Chubut tiene 122,4 hectáreas de vid registradas en 2025. Apenas algo más del 0,06% de la superficie vitícola argentina. El dato cuesta relacionarlo con lo que uno encuentra después: vinos en algunas de las mejores cartas del país, etiquetas que viajaron fuera de la Argentina y una actividad enoturística que creció alrededor de viñedos que, en muchos casos, apenas ocupan unas pocas hectáreas.
Las dimensiones son difíciles de comparar entre sí. Otronia trabaja unas 50 hectáreas en Sarmiento, mientras en otros lugares hay productores con una hectárea, media o incluso un cuarto. Algunas bodegas nacieron con inversiones importantes; otras comenzaron casi como un ensayo familiar y todavía elaboran unos pocos cientos o miles de botellas.
No estamos defendiendo al pequeño porque sea pequeño ni admirando al grande porque haya invertido una fortuna. Estamos siguiendo vinos que valen la pena beber, vengan de 50 hectáreas o de media.
Una historia que todavía es joven
La vitivinicultura comercial de Chubut es reciente. Para encontrar uno de sus puntos de partida hay que ir a El Hoyo, donde a fines de los años noventa comenzó a desarrollarse Patagonian Wines. En enero de 2000 llegó allí Darío González Maldonado, ingeniero agrónomo y enólogo, para trabajar en una provincia donde prácticamente todo estaba por probarse. Algunos años después, en 2006, se elaboraron allí unas 3.000 botellas de Merlot.
Darío volverá varias veces en esta historia. Sigue trabajando en Chubut más de veinticinco años después y su nombre aparece detrás de productores, asesoramientos y algunas ideas bastante menos convencionales.
Desde aquellos primeros años las vides avanzaron por lugares muy distintos. Aparecieron nuevos viñedos en la Comarca Andina, Trevelin, la Meseta, Sarmiento y el Valle Inferior del río Chubut. También junto al Atlántico. Trevelin obtuvo su Indicación Geográfica en 2020; Sarmiento y El Hoyo, en 2023. En poco más de dos décadas se pasó de discutir si era posible hacer vino en algunos de estos lugares a empezar a reconocerlos por su nombre.
Pinot Noir sigue encabezando la superficie provincial: en 2025 alcanzó las 46,2 hectáreas y representó el 37,7% de toda la vid de Chubut. Chardonnay ocupa también un lugar central, pero la diversidad va bastante más allá. Merlot, Gewürztraminer y Sauvignon Blanc han dado vinos que se destacan, junto con Riesling, Semillón, Cabernet Franc, Torrontés, espumantes y algunas elaboraciones a partir de viejas variedades criollas.
Me gusta que ocurra así. Chubut no necesita encontrar una variedad que explique a todas las demás.
El vino primero
La pequeña escala tiene atractivo. También lo tienen el paisaje, una buena historia familiar y la posibilidad de sentarse a tomar una copa con quien hizo el vino. Todo eso suma después. Antes tiene que haber un buen vino.
Hace unos días volví a probar con tiempo los vinos de Terruño de Caldera durante una degustación en San Martín de los Andes. Conozco desde hace años el trabajo de Daniel Fermani y Laura Galdámez en Gualjaina, pero esta vez pudimos conversar tranquilos y prestarles toda la atención a los vinos. El Chardonnay me pareció impresionante.
Daniel y Laura llegaron desde La Plata después de conocer la zona de Piedra Parada viajando en motorhome. Se instalaron allí, desarrollaron Mirador Huancache alrededor del alojamiento y el turismo y, algunos años después, plantaron vides. Luego llegaron la pequeña bodega, la cava y los vinos de Terruño de Caldera.
En otros lugares aparecen historias igual de particulares. En Trevelin, Lago Puelo, El Hoyo, Gualjaina o el Valle Inferior hay productores que comenzaron con unas pocas plantas y partidas mínimas. En una degustación de Vinos & Negocios, Mónica Puente, de Casa Redonda, llevó un espumante experimental de Merlot del que había elaborado apenas 18 botellas. Compartió algunas.
Otronia ocupa el otro extremo. Sus 50 hectáreas en Sarmiento, la infraestructura y la inversión la colocan lejos de aquellos emprendimientos diminutos, aunque siguen siendo pocas hectáreas frente a las grandes bodegas argentinas. Su Pinot Noir está entre los vinos de Chubut que más me gustan.
Hacer vino ahí
Andrés Rosberg, sommelier argentino y expresidente de la Association de la Sommellerie Internationale (ASI), ha hablado de vitivinicultura heroica para referirse a Chubut. La expresión puede sonar grande hasta que uno empieza a mirar lo que ocurre durante una temporada.
Las heladas son probablemente el problema más evidente. En Trevelin el riesgo puede acompañar al viñedo incluso durante el verano. En Gualjaina hay eventos que se prolongan durante horas y obligan a mantener sistemas de defensa. En el Valle Inferior, dos heladas tardías, el 31 de octubre y el 1 de noviembre de 2023, hicieron que en la vendimia siguiente ingresara a la sala de elaboración del INTA aproximadamente la mitad de la uva esperada. En Syrah se perdió todo.
Daniel Mileta, productor de Los Altares, resumía hace algunos años las dificultades de trabajar allí de una manera bastante más concreta: heladas, falta de energía eléctrica y enormes distancias.
Y los problemas cambian con la geografía. El frío, el viento, el agua disponible, las distancias o la infraestructura pesan de distinta manera según dónde esté el viñedo. Cuando se trabaja con unos pocos miles de botellas, perder una parte de la cosecha puede significar perder una parte importante del vino de todo un año.
Lo que ocurre alrededor del vino
Buena parte de los productores encontró otras maneras de trabajar alrededor de esas botellas. Hay viñedos que reciben visitantes, bodegas con gastronomía, alojamientos entre las vides, pesca con mosca, degustaciones, eventos y venta directa. En algunos casos el turismo estaba antes que el vino; en otros llegó después.
Nant y Fall, Casa Yagüe, Entre Senderos, Linaje, Huancache y otros emprendimientos encontraron combinaciones propias entre producción y hospitalidad. Cuando se elaboran pocos miles de botellas, la misma hectárea puede participar de una vendimia y formar parte también de una comida, una estadía o una venta directa.
El paisaje entra naturalmente en esa experiencia. Trevelin y Lago Puelo tienen la cordillera encima, aunque cada uno conserva una fisonomía propia entre bosques, chacras, ríos y montañas. En Gualjaina todo se abre hacia la Meseta y aparece Piedra Parada. El río Chubut sigue después entre los paredones de Los Altares hasta llegar a las chacras de Gaiman y Trelew. Sarmiento muestra otra Patagonia y, mucho más al este, hay vides creciendo prácticamente frente al Atlántico.
Recuerdo dónde estaba cuando probé varios de estos vinos. Eso no me sucede con todas las botellas que pasan por una copa.
Lago Puelo muestra especialmente bien esta relación entre vino, paisaje y hospitalidad. La experiencia de Puelo Wines, la presencia de Andrés Rosberg y algunos de sus protagonistas están desarrolladas en Vino en Lago Puelo: Patagonia, Comarca Andina e identidad propia.
Pocas botellas, buenos lugares
Algunos vinos de Chubut consiguieron salir de la provincia y hoy aparecen en cartas importantes de Buenos Aires. Don Julio y Anchoíta, por ejemplo, han reunido etiquetas de Trevelin, Sarmiento, Lago Puelo y Gualjaina. Ya hay distintos lugares, productores, variedades y estilos ocupando esos espacios.
También hay vinos que cruzaron la frontera.
He tenido oportunidad de conversar con importadores de Canadá y del Reino Unido y conocer algo más de cerca mercados con una enorme oferta de vinos y una fuerte sensibilidad al precio. Para producciones pequeñas como muchas de las de Chubut, creo que la exportación puede tener incluso más valor como posicionamiento que por el volumen del negocio. Unas pocas cajas en el lugar correcto pueden ayudar a construir una marca y, sobre todo, a darle visibilidad al origen.
Dentro de Argentina ocurre algo parecido. Una bodega que produce poco puede encontrar un espacio muy valioso en una buena vinoteca o en una carta elegida con criterio. Para eso no necesita decenas de miles de cajas.
Hacer 300 botellas no convierte un vino en algo valioso. Chubut consiguió que muchos de los suyos sean buscados aun cuando se producen en cantidades pequeñas. Para entonces, detrás de esas botellas ya encontramos buenos vinos, lugares que se recuerdan y cosechas que algunas veces costó bastante sacar adelante.
Nadie parece haberlo planeado
Los viñedos aparecieron en momentos diferentes y por razones diferentes. Hubo inversiones importantes, familias que empezaron plantando unas pocas hileras, emprendimientos turísticos que incorporaron el vino y gente que sencillamente quiso probar qué podía hacerse en su lugar.
Darío González Maldonado es uno de los nombres que atraviesa buena parte de esos años. Estuvo en El Hoyo al comienzo de la vitivinicultura comercial, trabajó con distintos productores, participó de nuevas elaboraciones, impulsó la Ruta del Espumante Austral y fue vinculando personas y proyectos. Lo invité especialmente a Vino a la Montaña en 2025; ofreció una masterclass y nos ayudó además a acercar bodegas de Chubut al encuentro.
También fue quien me vinculó con Antonella Brozzoni, en Lago Puelo. Allí había unas viejas plantas de variedades blancas que habían quedado en la chacra familiar. Darío vio esas uvas y propuso hacer vino con ellas. Así nació Pianta.
Ahora, en 2026, anda también detrás de un espumante elaborado con pétalos de tulipán de Trevelin.
Sigue probando.
Mientras tanto continúan apareciendo viñedos y nuevas etiquetas. Algunos crecerán, mientras muchas de esas pequeñas parcelas probablemente sigan siendo pequeñas. Sus vinos seguirán distintos caminos: habrá botellas que viajen miles de kilómetros y otras que encontraremos mucho más cerca, sentados a una mesa junto al lugar donde nacieron.
Más de veinticinco años después de aquellas primeras experiencias comerciales en El Hoyo, seguramente mientras escribo esto alguien estará plantando otras quinientas vides en algún rincón de Chubut.
Datos y referencias
Los datos de superficie 2025 y Pinot Noir corresponden al Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV): Chubut registra 122,4 hectáreas de vid y 46,2 hectáreas de Pinot Noir, equivalentes al 37,7% de la superficie provincial.
Anuario de Superficie 2025 · Instituto Nacional de Vitivinicultura
Informe Pinot Negro 2025 · Instituto Nacional de Vitivinicultura
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