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Cómo se define el vino patagónico: regiones y paisajes de la Patagonia vitivinícola

Por Sergio Landoni, Sommelier de Territorio

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Viñedo en El Hoyo, Chubut, con montaña patagónica de fondo

Patagonia vitivinícola, cordillera y viñedos: el paisaje no decora, participa.

English version available: Patagonian Wine: Regions, Landscape and Identity

Durante mucho tiempo el vino argentino se explicó desde el calor. Madurez plena, concentración, potencia. Era la forma lógica de entender un país soleado.

Pero el mundo cambió. Hoy se buscan vinos más bebibles, más frescos, más precisos. Vinos que acompañen y no saturen. En ese cambio de mirada la Patagonia dejó de ser una promesa para convertirse en una respuesta presente. No porque haya cambiado, sino porque el gusto internacional llegó a un lugar donde el equilibrio siempre fue natural.

En pocas palabras

La Patagonia se define por latitud y viento. Maduración lenta, acidez natural, sanidad, tensión. Y un mapa que hoy se expande del valle a la cordillera, del desierto al mar, y hasta el extremo austral. Si te interesa el vino patagónico, este es el mapa base.

Latitud, viento y tiempo

Entre los 39° y los 45° de latitud sur, la vid madura de otra manera. Las noches enfrían la planta incluso en verano, el azúcar avanza lento y los ácidos se conservan. El vino no necesita correcciones porque la madurez no se acelera.

El viento completa la ecuación. Seca el viñedo, reduce enfermedades y permite trabajar con mínima intervención. La piel se vuelve más firme, los taninos más finos, los aromas más nítidos. El clima no empuja la uva hacia la potencia, la sostiene en el equilibrio.

La Patagonia no hace vinos livianos. Hace vinos con tensión.

El mapa patagónico: un recorrido

La Patagonia vitivinícola no es una sola. Es un recorrido. Y hoy ese recorrido se expande: del valle a la cordillera, del desierto al mar, y hacia el sur.

Río Negro: memoria viva

En Río Negro el vino se apoya en la memoria. Viñedos plantados hace casi un siglo siguen dando uvas que hoy explican, mejor que cualquier teoría, qué significa elegancia. La Semillón sobrevivió por desinterés comercial y terminó convertida en un tesoro rescatado, uno de los blancos más profundos del país. La Trousseau quedó mezclada en parrales viejos hasta que alguien decidió escucharla. El Pinot Noir encontró un lugar donde puede ser delicado sin perder estructura.

En tiempos de vendimia el aroma a mosto fermentando recorría los pueblos y no hacía falta entrar a una bodega para saber qué momento del año era.

Neuquén: creación y decisión

En Neuquén el vino fue una decisión. Primero llegó el agua, después la planta. El desierto irrigado permitió crear un paisaje nuevo donde cada variedad se probó con intención. Durante las primeras plantaciones el viento levantaba arena y obligó a plantar kilómetros de álamos para proteger los brotes. El viento no solo levantaba arena; esculpía la voluntad de los hombres y la piel de las uvas.

En el norte neuquino, en Chos Malal, el vino nunca desapareció: solo quedó en los patios. Des de la Torre recuperó parrales familiares cosechando casa por casa. Cada racimo tenía historia y los vecinos veían su uva transformada en vino. No era producción, era pertenencia. Y reveló algo importante: plantas criollas adaptadas al frío y al viento podían dar frescura sin intervención.

Hileras de viñedo con álamos de fondo, cortinas rompeviento en Patagonia

Las alamedas no son decorado: son parte de la viticultura. Rompen el viento, protegen brotes, y marcan el paisaje.

Chubut: el límite y la helada

En Chubut el vino se volvió resistencia. Las heladas pueden aparecer en pleno verano y la noche obliga a vigilar el viñedo. Cuando la temperatura cae a cero comienzan los aspersores y la planta queda cubierta por una cápsula de hielo que mantiene vivo el tejido mientras afuera la temperatura sigue bajando. Al amanecer las hileras parecen de cristal hasta que el sol revela el brote intacto. De esa tensión nacen blancos filosos y Pinot Noir transparente.

Uvas cubiertas de hielo en Trevelin, Chubut, durante una noche de control de heladas

Trevelin, Valle 16 de Octubre: helada como amenaza latente, y técnica como forma de sobrevivir.

Frontera austral: posibilidad

Más al sur la viticultura todavía es una pregunta. En Santa Cruz la planta busca microclimas y en Tierra del Fuego se prueba si la luz alcanza para completar el ciclo. La nieve cubre la vid y la aísla del frío extremo, permitiendo que sobreviva al invierno. La planta no crece para producir: crece para demostrar que puede.

Variedades: lo que hoy busca el mundo

El vino cambia en la copa. El Malbec se vuelve floral y largo, sin peso. El Merlot gana protagonismo por su textura natural. El Cabernet Franc muestra frescura y definición. El Pinot Noir alcanza nivel internacional sin exagerar madurez. Las variedades blancas mantienen acidez vibrante porque el frío no permite perderla.

Ninguna domina a las otras. Todas responden a una misma lógica: madurar sin apuro.

El paisaje participa

El territorio no se explica solo por el clima. En algunos viñedos las ovejas limpian las hileras durante el invierno, aves anuncian la cosecha antes que el calendario y en la costa el mar incluso participa en la crianza de algunas botellas. El paisaje no es decorado: es parte activa.

Cierre

Lo que aparece entonces no es una nueva zona productiva sino una forma distinta de entender el vino. La calidad ya no depende de extraer más sino de intervenir menos.

Mientras muchas regiones del mundo buscan lugares cada vez más frescos, la Patagonia simplemente continúa siendo lo que siempre fue. Un lugar donde la naturaleza marca el ritmo y el hombre aprendió a acompañarlo.

La Patagonia no es solo una región fría del vino argentino. Es el lugar donde el tiempo de la naturaleza todavía define el vino.

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