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Embajador del Vino: una función que se construye en la práctica

La distinción como Embajador del Vino Neuquino abrió una pregunta sobre el alcance que puede tener una representación de este tipo. Después de varios meses de trabajo, distintas experiencias permiten empezar a encontrar algunas respuestas.

Por Sergio Landoni, Sommelier de Territorio · Embajador del Vino Neuquino

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Sergio Landoni durante la masterclass Vinos de Neuquén en Buenos Aires

Cuando el 1 de mayo recibí la distinción como primer Embajador del Vino Neuquino, durante la Fiesta del Chef Patagónico en Villa Pehuenia, además del enorme orgullo que significaba el reconocimiento apareció una pregunta bastante sencilla: qué podía hacer concretamente con ese lugar.

No existe un manual para ejercer una función de este tipo y tampoco creo que deba existir. Cada persona encontrará su manera de hacerlo y cada región tendrá necesidades diferentes. En mi caso entendí desde el comienzo que quería asumir un rol activo, recorriendo, conociendo proyectos, participando en acciones de promoción y tratando de generar vínculos que pudieran ser útiles para el vino neuquino.

Con el paso de los meses esa idea inicial fue tomando forma.

Distintivo de Embajador del Vino Neuquino con el mapa de Neuquén, una copa y una vid
Distintivo de Embajador del Vino Neuquino, con el mapa de la provincia, una copa y una vid.

Ser una cara y una voz del vino neuquino supone, en primer lugar, representar una actividad diversa. Cada bodega tiene naturalmente sus intereses, su identidad y su propia comunicación. La mirada de un Embajador debe ser más amplia porque el objeto de esa representación es un territorio y todo lo que está ocurriendo dentro de él.

San Patricio del Chañar concentra buena parte de la producción provincial y ha sido fundamental en el desarrollo de la vitivinicultura neuquina, pero hoy el mapa es bastante más amplio. La Confluencia, la ribera del Limay, la meseta y los proyectos que avanzan sobre la cordillera muestran condiciones, escalas e historias diferentes.

Conocer esa diversidad resulta indispensable para poder comunicarla. Y también para evitar la tentación de explicar Neuquén a partir de una sola zona, una variedad o un grupo de bodegas.

Para conocer ese mapa con mayor detalle: Las seis zonas vitivinícolas de Neuquén .

Distintos públicos, distintas maneras de representar

Una de las primeras cosas que fui comprobando es que el trabajo cambia mucho según el ámbito en el que se desarrolla.

En mayo, durante Vinos & Negocios en Buenos Aires, tuve a mi cargo una masterclass sobre los Vinos de Neuquén ante más de cincuenta asistentes. Estábamos fuera de la provincia y frente a un público profesional, por lo que había que explicar Neuquén desde el comienzo, ubicar sus zonas productoras, hablar de clima, variedades y estilos y, fundamentalmente, acompañar todo eso con vinos que permitieran comprobarlo en la copa.

Meses después, las experiencias de Copas & Negocios en San Martín de los Andes y Villa La Angostura plantearon una situación diferente.

Allí el objetivo era acercar las bodegas a quienes trabajan diariamente con visitantes y consumidores en dos destinos turísticos importantes de la provincia. Restaurantes, hoteles, vinotecas y representantes del turismo podían escuchar directamente a los productores, conocer sus proyectos y probar sus vinos.

Sergio Landoni durante Copas & Negocios en San Martín de los Andes
Copas & Negocios en San Martín de los Andes. Un encuentro entre bodegas neuquinas y representantes de la gastronomía, la hotelería, el turismo y la comercialización del vino.

En Villa La Angostura participaron nueve bodegas provenientes de cinco zonas productoras. Mi función fue moderar la ronda y, entre una presentación y otra, sumar información sobre los lugares de origen y algunas características de nuestra vitivinicultura que ayudaran a entender lo que después aparecía en cada copa.

La dinámica también permitió comprobar algo que muchas veces olvidamos cuando hablamos de promoción: por más información que podamos ofrecer, finalmente hay que poner el vino delante de quien puede comprarlo, servirlo o recomendarlo.

En ese encuentro algunos asistentes descubrieron proyectos que no conocían y otros volvieron a probar vinos conocidos prestándoles una atención diferente. Más interesante todavía fue comprobar que, una vez terminada la actividad, algunas de las conversaciones iniciadas durante la ronda tuvieron continuidad.

Ese probablemente sea uno de los indicadores que más me interesa observar de ahora en adelante.

Vino, turismo y conocimiento

Otro ámbito de trabajo apareció con la participación en el Día del Sommelier en la Facultad de Turismo de la Universidad Nacional del Comahue.

Neuquén tiene una relación particularmente interesante entre producción vitivinícola y turismo. San Martín de los Andes, Villa La Angostura, Villa Pehuenia y otros destinos reciben visitantes que llegan buscando paisaje, gastronomía y experiencias vinculadas con la Patagonia. El vino puede formar parte de esa experiencia y para conseguirlo es necesario que quienes trabajan en turismo, hotelería y gastronomía conozcan lo que se produce en la provincia.

Por eso considero que la formación también tiene un lugar dentro de esta función.

No necesariamente mediante una clase formal. Puede ocurrir durante una degustación, una masterclass, una ronda profesional o una conversación con alguien que necesita entender por qué un vino proviene de determinado lugar y qué tiene ese origen para contar.

El conocimiento tiene sentido cuando puede circular.

Sergio Landoni durante una presentación de vinos neuquinos en el Wine Bar de Paihuen
Presentación de vinos neuquinos en el Wine Bar de Paihuen, San Martín de los Andes. Gastronomía, turismo y comunicación del vino forman parte de un mismo territorio.

También estoy convencido de que representar no significa concentrar la representación. Si creemos que la figura del Embajador puede resultar útil para el vino neuquino, necesita oportunidades concretas para desarrollarse y diferentes voces que puedan ejercerla.

En octubre tendremos una experiencia en ese sentido durante la segunda edición de Vino a la Montaña, en San Martín de los Andes. Daniela Hernández participará como Embajadora del Vino Neuquino e invitada especial, con un espacio propio dentro de la programación. Desde la organización nos interesa especialmente que su presencia y su trabajo tengan la visibilidad que corresponde a esa representación.

Empezar a medir lo que queda

Después de estos primeros meses también empecé a preguntarme cómo evaluar el trabajo realizado.

Podemos contar actividades, asistentes, degustaciones, publicaciones o kilómetros recorridos. Son referencias útiles y permiten dimensionar parte del trabajo, aunque me interesa especialmente aquello que permanece después.

Que un restaurante descubra una bodega. Que un productor encuentre un nuevo interlocutor. Que alguien que trabaja en turismo incorpore el vino a la manera de presentar Neuquén. Que una conversación iniciada durante una degustación continúe algunos días después y pueda convertirse en una oportunidad.

Todavía es temprano para sacar conclusiones generales, pero algunas de esas situaciones ya comenzaron a ocurrir.

La experiencia de Villa La Angostura es un buen ejemplo. Lo sucedido durante la ronda profesional fue importante, pero también lo fueron las conversaciones que continuaron posteriormente entre representantes de las bodegas, la gastronomía, la hotelería y el turismo.

Algunas siguen su curso y habrá tiempo para conocer sus resultados.

Es justamente ese recorrido posterior el que puede ayudar a diferenciar una participación institucional de una acción capaz de generar algo más.

La experiencia de Villa La Angostura fue recogida también por Neuquén Informa y por La Angostura Digital .

Sergio Landoni con un vino de Estancia Chimehuín en San Martín de los Andes
Sergio Landoni con un vino de Estancia Chimehuín, uno de los proyectos que vinculan la vitivinicultura con el territorio de San Martín de los Andes y la cordillera neuquina.

Una experiencia que puede mirar más allá de Neuquén

Todo esto fue permitiéndome ordenar mejor una función que al comienzo era necesariamente abierta.

Hoy encuentro cinco acciones que aparecen de manera recurrente en el trabajo que vengo realizando: representar, interpretar, conectar, formar y generar continuidad.

No las planteo como una definición de lo que debe hacer un Embajador del Vino. Son simplemente una manera de ordenar mi propia experiencia después de haber trabajado con públicos, lugares y formatos diferentes.

Neuquén es el territorio desde el cual estoy construyendo esa experiencia, pero la pregunta inicial puede ser bastante más amplia.

Las regiones vitivinícolas necesitan comunicar su identidad, acompañar a sus productores, relacionarse con la gastronomía y el turismo y encontrar nuevas maneras de acercar sus vinos a quienes finalmente los van a elegir. Una figura de representación territorial puede tener allí un campo de trabajo interesante si cuenta con conocimiento, presencia y capacidad para relacionar esos mundos.

En Neuquén elegí ejercerla de esa manera.

Ser una cara y una voz del vino neuquino significa para mí asumir la responsabilidad de conocerlo, representarlo y contribuir a que tenga cada vez más oportunidades de ser descubierto.

El camino recién comienza y seguramente irá cambiando con la experiencia. Pero estos primeros meses ya permiten responder, al menos en parte, aquella pregunta que apareció cuando recibí la distinción.

Quizás el verdadero valor de un Embajador del Vino no esté en el reconocimiento que recibe, sino en aquello que consigue poner en movimiento a partir de él.

La creación de la figura del Embajador del Vino Neuquino y su relación con la identidad territorial de la provincia fue abordada también por Vinetur .

Para conocer más sobre el vino neuquino, sus zonas productoras y las personas que están construyendo su desarrollo, podés seguir recorriendo los contenidos de este sitio.

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