Vino neuquino, gastronomía regional y experiencias de territorio
Por Sergio Landoni, Sommelier de Territorio
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En los últimos años comienza a verse con mayor claridad hacia dónde puede proyectarse el vino neuquino.
Durante mucho tiempo el foco estuvo, con razón, en demostrar que en esta región era posible producir vinos de gran calidad. Esa etapa hoy está consolidada. Las bodegas de la provincia han mostrado consistencia, personalidad y una identidad cada vez más reconocible dentro del mapa vitivinícola argentino.
El paso que aparece ahora es otro, construir una identidad regional alrededor del vino.
Esto implica mirar el vino más allá de la botella, integrarlo con la gastronomía, con el turismo, con la cultura local y con el paisaje patagónico que le da origen.
Neuquén tiene en ese sentido un punto de partida muy interesante.
La gastronomía regional como aliada natural
La provincia cuenta con una riqueza gastronómica notable, profundamente ligada al territorio.
El Chivito del Norte Neuquino, reconocido con Denominación de Origen, es probablemente uno de los emblemas más claros de esa identidad. A esto se suman las truchas de criadero provenientes de distintos ríos y valles de la provincia, los quesos artesanales, los tradicionales ahumados patagónicos, los chocolates, los hongos de los bosques andinos y la producción de fruta fina.
La oferta cárnica también muestra diversidad, desde la histórica carne vacuna argentina hasta nuevas producciones que comienzan a aparecer en la región, como el Wagyu patagónico.
Todo este universo gastronómico encuentra en el vino neuquino un aliado natural.
Cuando los productos del territorio se encuentran con vinos producidos en la propia provincia, la experiencia adquiere una coherencia especial. No se trata solamente de maridar platos y vinos. Se trata de contar una historia común del lugar.
Crédito: Sergio Landoni · Sommelier de Territorio
El paisaje como parte de la experiencia
Pero hay otro elemento que en la Patagonia adquiere un valor muy particular, el paisaje.
Las experiencias gastronómicas y del vino en Neuquén no ocurren en un espacio neutro. Ocurren frente a la inmensidad de la estepa, en valles vitivinícolas abiertos al viento patagónico, junto a lagos de montaña o con la cordillera como horizonte.
Ese entorno aporta algo difícil de replicar.
El paisaje se convierte en parte de la experiencia, en un componente que amplifica lo que ocurre en la mesa y en la copa.
En Neuquén, además, hay factores naturales que influyen directamente en el carácter de los vinos. El viento constante, la amplitud térmica marcada entre el día y la noche y la luminosidad de la Patagonia forman parte de ese resultado.
El vino nace en el viñedo, pero también en el lugar donde ese viñedo existe.
Crédito: Sergio Landoni · Sommelier de Territorio
Un público que busca sorprenderse
A esto se suma además un cambio muy evidente en el público.
Quienes visitan la Patagonia, y también quienes viven en ella, ya no buscan solamente sentarse a comer o beber un buen vino. Cada vez más buscan experiencias, descubrir combinaciones inesperadas, comprender el origen de los productos y sorprenderse con el diálogo entre paisaje, gastronomía y vino.
El valor ya no está solamente en el plato o en la copa.
Está en la experiencia completa.
Pero también ocurre algo interesante. Muchas veces el visitante no llega necesariamente esperando una experiencia extraordinaria. Simplemente espera comer bien, descansar o conocer un lugar nuevo.
Y ahí aparece una gran oportunidad.
Cuando el territorio está bien interpretado, cuando los productos locales se trabajan con respeto y cuando el vino acompaña con identidad, es posible sorprender. Transformar una comida en algo más, en un recuerdo.
En ese momento la experiencia deja de ser solamente gastronómica.
Se vuelve parte del viaje.
En ese contexto, Neuquén tiene mucho para ofrecer. Tiene vinos de calidad, una gastronomía regional con identidad propia, diversidad de zonas vitivinícolas, una marca Patagonia muy fuerte y escenarios naturales que transforman cada encuentro en algo distinto.
Crédito: Sergio Landoni · Sommelier de Territorio
El acompañamiento de la provincia
En este camino también es importante el acompañamiento de la provincia, que viene impulsando al vino neuquino como parte de la identidad productiva, turística y cultural de Neuquén.
Cuando esa visión se comparte entre el sector público, las bodegas, la gastronomía y el turismo, el desarrollo adquiere otra escala.
Lo valioso no es solamente que existan buenos vinos. Lo valioso es que empiece a consolidarse una mirada más amplia, donde el vino neuquino se piense en conjunto con la gastronomía regional, con el paisaje y con la experiencia que el visitante se lleva del lugar.
Ese trabajo en bloque puede ser una de las claves del crecimiento que viene.
Cierre
Por eso, el camino más interesante para el vino neuquino parece ser el del trabajo en conjunto.
Bodegas, gastronomía, turismo y productores del territorio articulando una visión común, donde el vino deja de ser solamente un producto para convertirse en parte de una experiencia cultural más amplia.
Cuando esa mirada se consolida, la mesa deja de ser solamente un lugar donde se come o se bebe.
Se transforma en un espacio donde el territorio se vive.
Y en Neuquén, ese proceso comienza a adquirir una forma cada vez más clara.
Pensar el vino neuquino de esta manera no es solo una forma de comunicarlo mejor. También puede ser una forma más inteligente de proyectarlo hacia el futuro.
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