El precio del vino no está en la copa
Por Sergio Landoni, Sommelier de Territorio
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En el vino hablamos de origen, de variedades, de clima, de cómo se hace. Pero casi no hablamos del precio.
Y sin embargo, es una de las decisiones más concretas que toma quien compra.
Muchas veces se da por hecho que la calidad lo justifica. Pero el vino no se compra así.
Se compra cuando ese precio tiene sentido.
Y ese sentido no nace solo de la copa.
Dos vinos pueden estar al mismo nivel. Uno se siente lógico. El otro, caro. La diferencia no siempre está en el vino. Muchas veces está en cómo se entiende.
Cuando el precio queda solo
Dos vinos pueden estar al mismo nivel. Uno se siente lógico. El otro, caro.
No cambia el vino. Cambia cómo se entiende.
El precio necesita algo alrededor. Necesita contexto, lugar, ocasión, servicio, recomendación. Necesita una escena posible en la cabeza de quien lo va a elegir.
En Patagonia esto se ve muy claro
En Neuquén, por ejemplo, el vino todavía se está construyendo como referencia para muchos consumidores.
Hay gente que no conoce la zona, ni las bodegas, ni qué hay detrás de cada etiqueta. Entonces el precio queda expuesto.
Y cuando el precio queda solo, cuesta sostenerlo.
No es un problema de valor
Hay vinos bien hechos, con identidad, con un lugar claro. Pero no logran sostener su precio.
No porque no lo valgan. Sino porque nadie terminó de mostrar por qué.
La calidad puede estar, pero si el consumidor no logra ubicar ese vino dentro de una historia concreta, de una experiencia posible o de un territorio reconocible, el precio aparece como una cifra suelta.
Hoy no alcanza con contar
Durante mucho tiempo alcanzó con el relato. Hoy eso ya no alcanza.
La diferencia aparece en lo que pasa alrededor del vino:
- dónde se sirve
- quién lo recomienda
- en qué momento aparece
- con qué comida se cruza
- qué experiencia deja
Ahí es donde el precio empieza a cerrar.
El caso del vino neuquino
En el vino neuquino el desafío no está solo en mejorar el vino. Está en cómo se lo pone en escena.
Hay frescura, hay identidad, hay carácter de lugar. Eso está.
Lo que falta, muchas veces, es terminar de ordenarlo para que se entienda.
Porque un vino de Neuquén no debería explicarse únicamente por variedad, precio o puntaje. Debería poder leerse dentro de un territorio: el viento, la meseta, los valles, la cordillera, el agua, la gastronomía y las personas que lo hacen posible.
Cierre
El precio no está en la botella.
Está en todo lo que pasa alrededor.
Cuando el vino encuentra contexto, el precio deja de defenderse. Empieza a entenderse.
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