El origen del Pinot Noir neuquino

Cuando se habla del vino neuquino, el Pinot Noir ocupa un lugar que ninguna otra variedad alcanzó hasta ahora. No es la más plantada ni la más difundida en el mercado, pero con el paso de las vendimias terminó convirtiéndose en el emblema de la vitivinicultura provincial porque ninguna otra ayudó a entender con tanta claridad cómo cambia un vino cuando cambia el lugar donde nace.

Esa capacidad empezó a mostrar que Neuquén no era una única región vitivinícola, sino una provincia formada por valles y paisajes muy diferentes entre sí. Nada de eso formó parte de un plan original. A fines de la década de 1990, cuando comenzaron las primeras plantaciones en San Patricio del Chañar, el objetivo era comprobar si la vid podía desarrollarse en una meseta donde prácticamente no existían antecedentes.

Julio Viola impulsó aquel proyecto y la puesta en marcha de El Chañar III Etapa exigió resolver primero el viñedo. El ingeniero agrónomo José Barría coordinó el desarrollo general del emprendimiento, acompañado por Sergio Arto y, posteriormente, Juan José Ferragut. La implantación de las vides, los sistemas de riego y las cortinas contra el viento formaron parte de un trabajo agronómico que permitió comenzar a producir en una meseta donde prácticamente no existían antecedentes. Después se sumarían los profesionales de cada empresa y un aprendizaje que continúa hasta hoy.

Trabajadores durante la cosecha en viñedos de Neuquén, Patagonia Argentina
Las primeras vendimias permitieron conocer cómo respondía la vid en un ambiente nuevo para la vitivinicultura argentina.

Marcelo Miras fue uno de los protagonistas de las primeras etapas de la vitivinicultura moderna neuquina y suele resumir aquellos años con una frase sencilla: todo estaba por aprender. Cada vendimia dejaba una enseñanza nueva y obligaba a revisar el comportamiento de los suelos, la respuesta de las distintas variedades, el manejo del riego y la influencia del clima sobre las plantas.

Con el paso de las cosechas aparecieron algunas certezas. La baja humedad favorecía la sanidad del viñedo, el viento ayudaba a mantener el follaje seco y la amplitud térmica permitía alcanzar una maduración equilibrada. Entre todas las variedades implantadas hubo una que reaccionaba de una manera particular, ya que bastaba una pequeña diferencia de suelo, temperatura, disponibilidad de agua o manejo para que el vino también cambiara.

Racimo de Pinot Noir cultivado en un viñedo de Neuquén
El Pinot Noir mostró una sensibilidad poco habitual para reflejar las diferencias entre los distintos ambientes de Neuquén.

El Pinot Noir empezó a mostrar que podía hacer algo más que producir grandes vinos y se convirtió en una herramienta para entender el lugar. Allí donde cambiaban el paisaje o las condiciones de cultivo, el vino también lo hacía, con matices que otras variedades expresaban con menor claridad. Vendimia tras vendimia fue apareciendo una idea que hoy parece natural, aunque entonces nadie podía anticiparla: Neuquén no era un único ambiente vitivinícola.

Los enólogos también empezaron a mirar el viñedo de otra manera. Leonardo Puppato sostiene que gran parte del vino se define antes de la cosecha, en el manejo cotidiano de las plantas. Lucas Quiroga entiende que ninguna vendimia se parece a la anterior y que cada año deja una enseñanza diferente, mientras Nicolás Navío resume esa misma mirada con una idea simple: intervenir lo necesario para que el vino conserve el carácter del lugar donde fue producido.

Los tres llegaron a esa conclusión desde recorridos diferentes, pero terminaron mirando en la misma dirección. El trabajo del enólogo ya no consistía solamente en elaborar un buen Pinot Noir, también implicaba entender qué podía aportar cada lugar y cómo acompañarlo sin que perdiera su carácter.

Bodega Familia Schroeder en San Patricio del Chañar, Neuquén
San Patricio del Chañar fue el punto de partida de la vitivinicultura moderna neuquina y el núcleo histórico del Pinot Noir provincial.

Una provincia, diferentes expresiones

Las primeras vendimias demostraron que el potencial del Pinot Noir no terminaba en San Patricio del Chañar. A medida que crecía la experiencia comenzaron a aparecer nuevos proyectos sobre las riberas de los ríos Neuquén y Limay, donde la variedad respondía de manera diferente según cambiaban los suelos, la cercanía al agua, la orientación de las parcelas y el manejo del viñedo.

Senillosa, Picún Leufú y la Confluencia fueron incorporando expresiones propias sin perder el vínculo con el origen de la vitivinicultura moderna de la provincia. Allí el Pinot Noir volvió a demostrar que pequeñas diferencias dentro de una misma cuenca podían modificar la fruta, la acidez, la textura y el equilibrio del vino.

Viñedos de Fincas del Limay sobre la ribera del río Limay, Neuquén
La ribera del río Limay incorporó nuevos matices al Pinot Noir neuquino y confirmó que el paisaje también cambia dentro de una misma cuenca.

La Confluencia resume muy bien esa evolución. La producción frutícola pasó a ocupar gran parte del paisaje, aunque el vino nunca desapareció por completo. Algunas familias retomaron antiguas tradiciones y aparecieron nuevos proyectos que volvieron a darle un lugar a la vitivinicultura en la región.

Mabellini Wines forma parte de esa historia. La familia retomó una tradición iniciada en Cinco Esquinas en 1928 y desarrolló una bodega que trabaja exclusivamente con uvas provenientes de viñedos propios en Neuquén y Mainqué, provincia de Río Negro. La elaboración está a cargo de Valeria López, integrante de una nueva generación de profesionales formados en la Patagonia.

Las primeras exportaciones de la bodega a Francia muestran que el interés por estos vinos comienza a extenderse hacia mercados con una larga tradición en Pinot Noir. Para un proyecto familiar de Neuquén, llegar con sus vinos a Francia marca también una nueva etapa en su desarrollo.

Mabellini Wines en la Confluencia, Neuquén
Mabellini Wines representa una nueva generación de proyectos que recuperan la tradición vitivinícola de la Confluencia.

Cuando la vitivinicultura comenzó a mirar hacia la meseta aparecieron nuevas preguntas. Durante mucho tiempo parecía difícil imaginar viñedos de calidad lejos de los grandes valles irrigados, pero Cutral Co demostró que existía otro camino posible. Allí el agua proviene de perforaciones profundas y esa condición obliga a pensar el viñedo de una manera completamente distinta desde la implantación.

La experiencia desarrollada por Viñedos del Viento permitió comprobar que la meseta también podía producir vinos de calidad y abrió una nueva línea de trabajo para la provincia. Plaza Huincul comenzó a recorrer un camino similar y las primeras implantaciones de Pinot Noir aportan información muy valiosa sobre el comportamiento de la variedad en un ambiente seco, ventoso y alejado de los grandes cursos de agua.

Trabajadora en viñedo de la Bodega Cutral Co durante tareas culturales
La experiencia desarrollada en Cutral Co confirmó que la vitivinicultura neuquina también podía crecer sobre la meseta.

La cordillera presentó un escenario completamente diferente. En el valle del Chimehuín, entre Junín de los Andes y San Martín de los Andes, una hectárea implantada en 2004 reúne Pinot Noir junto con otras variedades elegidas para observar su adaptación a un ambiente de montaña.

Allí no hay energía eléctrica de red y la defensa contra las heladas depende de motobombas, generadores y muchas noches de trabajo cuando la temperatura desciende por debajo de cero. En los inviernos más rigurosos pueden registrarse hasta veinte heladas mensuales, una realidad que obliga a sostener el viñedo con previsión, paciencia y un seguimiento permanente.

Esa experiencia anticipa buena parte de los desafíos que enfrentan otros proyectos cordilleranos. En el valle del río Aluminé ya existe un viñedo implantado y, como sucede en Chimehuín, las heladas forman parte de la realidad productiva.

Viñedos de Loma Redonda en San Martín de los Andes
Los primeros viñedos de la cordillera neuquina trabajan en pequeña escala y enfrentan condiciones climáticas muy diferentes a las de los valles irrigados.

Más al norte vuelve a cambiar el paisaje y, con él, las preguntas. Desde Chos Malal hasta el valle del Nahueve, siguiendo el corredor que une Taquimilán, Andacollo, Huinganco y Manzano Amargo, aparece uno de los ambientes con mayor proyección para el desarrollo futuro de la vitivinicultura neuquina.

Bodega Des de la Torre recuperó la elaboración de vinos en Chos Malal y volvió a poner en valor una actividad con profundas raíces históricas. Al mismo tiempo, los nuevos viñedos del valle del Nahueve permiten observar cómo responden las variedades en un ambiente de montaña dominado por la altura, el agua de deshielo y una marcada amplitud térmica.

Vendimia en Bodega Des de la Torre, Chos Malal
Bodega Des de la Torre recuperó en Chos Malal una tradición vitivinícola que vuelve a proyectarse hacia el futuro.
Viñedo de Villa del Nahueve en el Alto Neuquén
Los viñedos del valle del Nahueve representan una de las áreas con mayor potencial para el desarrollo futuro de la vitivinicultura de montaña en Neuquén.

Sin hacer demasiado ruido, la provincia fue ampliando su geografía vitivinícola. San Patricio del Chañar dejó de ser la única referencia para hablar del vino neuquino y se sumaron las riberas de los ríos Neuquén y Limay, la Confluencia, la meseta, la cordillera y el Alto Neuquén. Cada uno de esos lugares fue mostrando una expresión diferente del Pinot Noir y ampliando el conocimiento sobre la vitivinicultura de la provincia.

Neuquén frente al mundo

Cuando uno observa lo que ocurre hoy en el mundo del Pinot Noir aparece un cambio interesante. Cada vez reciben mayor atención los vinos capaces de expresar con claridad el lugar donde fueron producidos. Ya no alcanza con elaborar un buen vino. También importa que pueda transmitir el paisaje del que proviene.

Neuquén comenzó a despertar interés por una razón diferente. Sus vinos muestran una interpretación propia del Pinot Noir, diferente a la de regiones como Borgoña, Oregón o Central Otago. En una misma provincia conviven las riberas de los ríos Neuquén y Limay, la Confluencia, la meseta, la cordillera y el Alto Neuquén. Cambian los suelos, el clima, la altura, el origen del agua y la manera de trabajar los viñedos. Con ellos también cambia el Pinot Noir.

Vista aérea de viñedos en Neuquén, Patagonia Argentina
La diversidad de paisajes explica buena parte de la identidad que hoy comienza a distinguir al Pinot Noir neuquino.

Mientras preparaba el artículo para The Buyer apareció una pregunta que terminó ordenando toda la investigación.

¿Por qué un comprador europeo debería interesarse por el Pinot Noir de Neuquén?

La respuesta apareció en las entrevistas y en las recorridas por los viñedos. Productores, enólogos e ingenieros agrónomos hablaban cada vez más del lugar donde nacían esos vinos. Allí estaba buena parte de la respuesta.

Neuquén puede aportar al mundo del Pinot Noir una expresión propia, construida en la Patagonia norte a partir de sus condiciones naturales y de la experiencia acumulada en sus viñedos.

Los datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura ayudan a poner esa realidad en contexto. Neuquén concentra alrededor del 12 % de toda la superficie implantada con Pinot Noir en Argentina y el departamento Añelo reúne cerca del 90 % de esas hectáreas. Al mismo tiempo, el Pinot Noir representa aproximadamente el 15 % de toda la superficie vitícola de la provincia.

Fuente: Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV). Datos 2024.

Los números ayudan a comprender la dimensión del fenómeno, aunque la verdadera transformación ocurrió en el viñedo. Más de veinticinco vendimias permitieron acumular experiencia y entender mejor la respuesta de la vid en las condiciones de Neuquén. Ese conocimiento sigue creciendo con cada nueva implantación.

Masterclass sobre vinos de Neuquén durante Vinos y Negocios 2026
Las degustaciones profesionales permiten comprobar la diversidad de perfiles que hoy ofrece el Pinot Noir neuquino.

Ese trabajo empieza a hacerse visible fuera del país. Las primeras exportaciones, el interés de importadores especializados y la presencia de vinos neuquinos en degustaciones internacionales muestran que Neuquén empieza a encontrar un lugar propio fuera de Argentina.

Patagonia ya es un origen reconocido por muchos consumidores. Neuquén tiene ahora el desafío de hacerse conocer por las características de sus vinos y por la diversidad de lugares donde se producen.

El emblema de la vitivinicultura neuquina

El Pinot Noir terminó convirtiéndose en el emblema de la vitivinicultura neuquina porque fue la variedad que mejor mostró las diferencias entre sus distintos lugares de producción. Cada nuevo viñedo permitió conocer un poco mejor la provincia y entender cómo cambia el vino cuando cambia el lugar donde nace.

San Patricio del Chañar marcó el comienzo de esa historia. Después llegaron las riberas de los ríos Neuquén y Limay, la Confluencia, la meseta, la cordillera y el Alto Neuquén. Cada lugar fue mostrando una expresión diferente del Pinot Noir y ampliando el conocimiento sobre la variedad.

Cada nuevo viñedo termina enseñando algo. A veces confirma lo que se intuía y otras obliga a revisar las certezas, pero siempre aporta una experiencia que enriquece el conjunto y ayuda a comprender mejor el comportamiento de la vid en la provincia.

Vista aérea de un viñedo en Neuquén
La vitivinicultura neuquina continúa creciendo sobre nuevos paisajes y cada vendimia incorpora información que amplía el conocimiento del territorio.

El Pinot Noir encontró en Neuquén lugares muy diferentes para expresarse y en cada uno mostró algo distinto. Por eso terminó convirtiéndose en el emblema de la vitivinicultura neuquina. Es la variedad que mejor supo contar Neuquén.